20 dic 2008

Arinia DracoAzul

Arinia DracoAzul se encuentra entre los jovenes supervivientes de la era de los trastornos de la ciudad de Tantras. Cuando apenas contaba con 7 años, Arinia vivio en su propio hogar el enfrentamiento entre los dioses de Faerun.

Arinia nacio felizmente en la prospera ciudad de Tantras, bajo la cuna de una familia humilde de pescadores que vivia en el distrito portuario de la ciudad. Tuvo una infancia feliz, cuidada por su madre, ya que su padre estaba largos periodos en el mar de pesca.

Cuando aun era una niña, sucedieron los sucesos de los Avatares en Faerun, siendo Tantras el lugar donde Torm, el Dios del deber, cayo entre los mortales. Durante meses estuvo Torm en el templo principal de la ciudad, custodiado por sus clerigos y guerreros, sin que nadie pudiera verlo.

Un dia, mientras Arinia volvia del mercado de comprar leche, carne y otras cosas que su madre le habia pedido, paso, como tantas veces, por la puerta de la iglesia de Torm. Ella era demasiado pequeña para darse cuenta de esas cosas, pero la iglesia brillaba con una tenue luz magica. Al meterse en el callejon camino de su casa, tropezo con un hombre alto, apuesto, con un pelo rubio rizado y un brillo especial en sus ojos. Arinia se asusto, pues su madre le habia dicho que no debia hablar con los desconocidos, pero este hombre levanto la mano, y acaricio la cabeza de Arinia, mientras la saludaba:

- Hola, pequeña, ¿donde te diriges? – Le dijo el hombre con una voz profunda pero a la vez enbriagadora.
- Vuelvo a casa señor, con la compra que mi madre me ha encargado. – Respondio Arinia, con la voz entrecortada por el susto.
- No debes temerme Arinia, nadie debe temerme, siempre y cuando su corazon sea puro y la bondad guie sus pasos. – Dijo el hombre mientras se giraba y miraba al horizonte. – Pronto vendran hombres malos, Arinia, y debes ir con tu madre a la colina del campanario, donde ambas estareis a salvo.
- ¿Como sabe mi nombre, señor? – pregunto Arinia, desconcertada.
- Yo lo se todo sobre ti, Arinia, asi como de muchos de esta ciudad. Pero ahora, en este instante, no se que debo hacer.
- ¿Por que dice eso, señor?
- Como te dije antes, vienen hombres malos hacia aquí, y soy el unico que puede echarlos para que no os hagan daño a tu mama y a ti, pero para ello, se deben perder muchas vidas, Arinia, vidas de gente inocente que debera morir para que el hombre malo sea derrotado. – Dijo el hombre, mientras agachaba la cabeza en un gesto de tristeza.
- Pero señor, si los hombres malos vienen y son tan malos como dice, ¿no estaran tambien en peligro todas esas personas?
- Si Arinia, pero no se si todos comprenderan lo que debo hacer, no se si tu, o tus padres, lo comprendereis.
- Señor, debo irme, mi madre me espera. Adios – Dijo Arinia con prisa, mientras salia corriendo por la calle hacia su casa.

Atrás se quedo el hombre, con lagrimas en los ojos, mientras veia a Arinia correr calle abajo.

Al dia siguiente, las fuerzas del Alcazar de Zhentil invadian Tantras, comandadas por el mismisimo Dios Bane, en la forma de un Coloso de enorme poder, que parecia invencible. Torm se alzo como defensor de Tantras, pero para igualar el poder de Bane, necesitaba de la esencia vital de todos los fieles de la ciudad. Los hombres y mujeres de Tantras ofrecian sus vidas a su Dios, mientras este crecia en poder y tamaño, y su avatar adquiria la forma de un Coloso con cabeza de leon de oro. La batalla termino con la destruccion de ambas deidades, y la ciudad de Tantras salvada por la antigua magia del campanario de la colina. Pero miles de vidas se habian perdido, sacrificadas para dar mas poder a Torm. Entre estas vidas, se encontraban los padres de Arinia, que quedo huerfana tras la batalla. Arinia pudo ver con sus propios ojos como la vida de su madre salia de su cuerpo y volaba por toda la ciudad para fortalecer a Torm, mientras aun agarraba la mano de su hija. Pero no fue un momento triste, pues su madre sonreia mientras la vida salia de su cuerpo.

Tras la batalla, y mientras el humo de la explosion de la destruccion de ambos dioses se disipaba de la ciudad, Arinia fue recogida por un Paladin de Torm, de los pocos que habian quedado con vida, a quienes Torm les habia asignado una mision vital. La de adoptar y criar a los hijos supervivientes de los padres que habian dado su vida por su pueblo.

El padre adoptivo de Arinia, Lord Herquister de ShadowDale, volvio al Valle de la Sombra, junto con 3 niños más. Los hermanos de Arinia, Shuman, Anclor y Derman, tuvieron una infancia feliz bajo las enseñanzas del Paladin, que los educo en los valores del bien, el deber y la lealtad.

Poco tiempo despues, entro al servicio de la Iglesia de Torm, como acolita, y poco a poco fue creciendo en poder, al mismo tiempo que se convertia en una bella mujer.

La despedida con su padre adoptivo no fue triste, pues ambos sabian que el deber era lo primero en sus vidas, y Arinia tenia el deber de marchar a Cormyr, como emisaria de la Iglesia de Torm, a la ciudad de Arabel, donde tenia la mision de Fundar un templo a Torm en la ciudad. Poco tiempo despues, entro al servicio de la familia noble CrownSilver, de Arabel, donde serviria como clerigo de la familia, y esta le financiaria la construccion del templo, incluyendolo en la reconstruccion de la ciudad tras las guerras Trasgas.

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