21 dic 2008

Aeron Crownsilver


HISTORIA DE AERON CROWNSILVER. (Por Lord Jereck)

La historia de Aeron Crownsilver se remonta a ventiocho años atrás.

Nací en las cercanías de Arabel, la gran ciudad del norte del glorioso Cormyr, conocido por sus habitantes, amantes de su independencia; a veces demasiado.

Pertenezco a la familia Crownsilver, una de las más importantes y nobles familias del reino....o al menos eso es lo que podría parecer a primera vista....pero la realidad es bien distinta. Aunque jurídicamente pertenezco a la nobleza, es decir, estoy exento de ciertos tributos y no puedo ser juzgado por los mismos tribunales que para la plebe; en realidad, mi familia vive como mucho con las comodidades de un pequeño burgués.

Nosotros descendemos de una línea colateral de la familia Crownsilver, de un primo hermano del cabeza de la estirpe principal. Pero la historia de nuestra desgracia comienza dos siglos y medio atrás, en los tiempos de la cruenta guerra civil entre los que se dieron en llamar Dragones Rojos y los Dragones Púrpuras, que como todos recuerdan, eran los partidarios del Regente de aquel entonces tío del joven rey Azoun III – o Righaerd, no recuerdo exactamente -, y los leales seguidores del legítimo heredero de los Obarskyr respectivamente. Mi tatarabuelo, Steed Devon Crownsilver, ambicioso y maquiavélico donde los hubiera, había prosperado considerablemente bajo la protección del Regente, controlando un importante flujo exportador de armas y armaduras hacia el Este y hacia las naciones ribereñas del Mar de Las Estrellas caídas.

Pero entonces el joven Azoun llegó a la mayoría de edad y su tío se negó a cederle el trono como era su deber.....y estalló la guerra entre sus partidarios. Y ahí empezó la decadencia para los míos.
Los Dragones Rojos fueron diezmados. El Regente fue muerto en palacio. Los vencedores se quedaron con las posesiones de los vencidos y muchos fueron exiliados, a pesar de las promesas públicas de perdón y amnistía. La mayor parte de la familia Crownsilver, no obstante, permaneció fiel al Rey legítimo y fueron recompensados, e incluso le negaron a Steed cualquier clase de ayuda.

Steed Devon Crownsilver fue expulsado de Suzail y se le adjudicó una pequeña finca a las afueras de Arabel, con una ruinosa torre y una semiderriuda empalizada, propiedad de un pequeño noble que luchó junto a las huestes de Azoun, siendo recompensado con tierras en Suzail y un castillo cerca de la capital.

Fueron tiempos de pena y miseria. Steed y su esposa e hijos se vieron obligados a trabajar con sus propias manos para sobrevivir durante mucho tiempo. Con apenas unos criados que hacían las veces de guardias de la “fortaleza” los inviernos pasaron lentos y dolorosos. El odio arraigó en el corazón de Steed y se lo llevó a la tumba.

Mi bisabuelo, Kraviss Devon Crownsilver heredó todo aquello, y durante su corta vida apenas pudo mejorar su situación ni la de su familia, murió de una extraña enfermedad corruptora de la carne. Nunca supieron bien a qué fue debido.

Años más tarde, ya con mi abuelo Herong Devon Crownsilver, pudieron construir una pequeña herrería y poder vender herramientas y armas y armaduras a quien las necesitase. Aquello mejoró considerablemente la situación de los míos. Se pudo restaurar la empalizada y acondicionar la Torre que se caía a pedazos, pudimos contratar a más trabajadores para nuestras escasas hectáreas, que por una orden Real, no podíamos aumentar ni un metro cuadrado más. Además pudimos pagar a un puñado de guardias de confianza para nuestra protección.

Y así transcurrieron los años hasta que mi abuelo murió y mi padre, Evendur Crownsilver, heredó la hacienda hace venticinco años, cuando yo tenía tres.
El talante de mi padre no era como el de sus antepasados; es un hombre poco político y muy pragmático, con talento para los negocios. Aunque como todos los de mi familia, considera a los cormyreanos como los líderes natos de Faerun, mirando por encima del hombro a los demás pueblos, salvo a los Chondathanos, nuestros antecesores.

Mi padre es ante todo un hábil hombre para negociar con un amplio sentido común, que tiene don de gentes y ha hecho lo posible por congraciarse con la Corona y con el bendito Azoun IV, el más grande de todos los Reyes. Por ello fue a la guerra en su ejército cruzado con los sembianos y los de los valles contra los Tuiganos......y me llevó a mí, con ventidos años. Allí vimos los horrores de la guerra y los horrores aun más terribles de los que fueron capaces aquellos bárbaros sanguinarios. Mi bautismo de fuego fue en la segunda y última batalla contra el Khahan Yamun, cuando estuve a punto de ser ensartado en un sable de uno de esos salvajes. Pero el misericordioso Kelemvor había decidido que todavía no había llegado mi hora, y una flecha milagrosa fulminó a mi asesino.

A la vuelta a casa, ya era otra persona. Había mejorado las habilidades en la espada y la lanza, aprendí a cortar cabezas como espigas y a atravesar corazones con mi terrible lanza a lomos de mi caballo negro. Pero la relativa felicidad de la infancia y adolescencia quedaron enterrados en algún lugar de mis recuerdos.

Mi padre quedó tullido de una pierna, que le dejó una cojera de por vida. Y yo asumí el liderazgo de la casa con el amor de mi madre Arveene y de mi hermana Jhessail, una capaz exploradora.
Sin duda, el mayor regalo de mi padre fue el equipo de guerra de mi bisabuelo Steed, su espada, su lanza y su armadura y escudo, forjados por un poderoso mago de su tiempo. Estaban guardados en un cofre, abajo, en un oscuro desván. Sobre el cofre, en la pared, sigue colgado el escudo de armas de los Dragones Rojos........ Pero la armadura es de los dragones Púrpura......preferí no preguntar y acepté el regalo agradecido.

En otro orden de cosas, mi padre consiguió que Azoun IV, a quien Tyr guarde en su seno, le diera una importante prebenda para suministrar de equipo militar al ejército Real, cosa que aumentó considerablemente nuestros ingresos.

Parecía que nuestra vida iba tomando senderos algo más benignos, pero entonces llegaron los orcos y los trasgos organizados en un ejército como nunca se había visto en Cormyr. Y arrasaron Tilverton y saquearon Arabel.... los Dragones Púrpura fueron derrotados. Huimos a Suzail durante un tiempo, acogidos en casa de uno de nuestros parientes de Crownsilver. El recibimiento fue frío como el que habrían recibido cualesquiera plebeyos.

Pero la venganza llegó, y el ejército liberó Arabel con Alusair, la actual Regente. Mi hermana Jhessail y yo entramos en nuestro hogar para ver lo que quedaba. El mobiliario había sido destruido, pero no las estructuras, de modo que pudimos volver a vivir allí.
Hemos comprado muebles y reconstruido la herrería, que ahora cuenta con el capaz Maelgrorn como experto maestro herrero y cuatro aprendices. Sin embargo, mi padre tiene otro negocio en mente: marfil. Las manufacturas de marfil se venden a un precio desorbitado. El problema es conseguir la materia prima.

Precisamente por esta razón, emprendí el viaje más largo de mi vida; hacia la populosa capital del mítico imperio de Mulhorand, Skuld.

En aquella inmensa urbe poblada por personas pertenecientes a una cultura completamente distinta a la mía, quedé maravillado con aquellos olores y aromas, el refinamiento de sus costumbres, la magnitud de sus templos y pirámides...... y la brutal miseria de los pobres, que abundan sobremanera en aquel país. Durante días busqué a algún comerciante de marfil para tratar la compra de varias cantidades. Finalmente lo encontré. Y además contraté a un reservado tallista y escultor que trabaja ampliamente con este material, Kethot Paser, y que aceptó de buen grado venir conmigo a Cormyr para trabajar en un taller que montaríamos en la casa de mi padre....aunque le advertí que no podríamos pagarle mucho....y él aceptó encantado. Se diría que tenía mucha prisa por salir del lugar.

Durante el viaje me enseñó los rudimentos básicos para tallar el marfil, y me dijo que tenía ganas de trabajar en Cormyr, lejos de los clérigos del Templo de Amón-Ra.

En la actualidad las cosas marchan bien para nuestra familia. Mi hermana Jhessail explora los bosques del reino en busca de refugios de orcos y trasgos. Trabaja para el ejército.

Yo, por mi parte, veo muy preocupado el nuevo reinado, a cuyo frente está la hija de Azoun, Alusair. Aunque no creo que esa niña pueda manejar adecuadamente los destinos del reino, ni siquiera con la ayuda de Caladnei, el nuevo mago de la corte. Son demasiadas las sombras, demasiadas las tentaciones. La regente necesita ayuda.... consejo. Por ello yo emprenderé una difícil misión: convertirme en el Barón de las Tierras de Piedra. Algo a lo que ningún noble se atreve por la dificultad de limpiar la región de bandidos, orcos y siervos de los zhentarim. Para ello necesito hacer dinero para contratar un ejército fiel y construir mi propia fortaleza. Por ello he prestado una ingente suma de dinero a un conocido y afamado prestamista sembiano con el objeto de cobrar un veinte por ciento de interés en un año. Mi objetivo es ganarme el favor de la monarquía y así poder estar más cerca de la regente, para poder asesorarla en el buen gobierno del reino en la medida de mis posibilidades....y también para demostrarles a mis parientes Crownsilver que pronto pagarán por su cruel abandono.

Mientras tanto, mi espíritu inquieto por la visión del dragón rojo al que sirvió mi antepasado, me ha hecho salir de Cormyr en busca de tesoros o ayuda para conseguirlos. Mis pasos me han llevado al Gran bosque, pues he oído que un monasterio de amazonas ha sido salvajemente atacado. Habrá que ver qué hay detrás de los rumores que aseguran que se levantan de la muerte.....algun practicante de magia estará detrás de ello......puede ser una fuente de oportunidades que no hay que desaprovechar.......

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