Tras descansar en la orilla del lago, se pusieron en marcha de nuevo, esta vez, ayudados por uno de los discos flotantes de Ellor, que llevaría a los miembros más lentos del grupo, como el enano Taklin, y los pertrechos. A los dos días de viaje fueron atacados por una horda de criaturas demoníacas convocadas en algún lugar cercano, a las que vencieron sin dificultad.
Al día siguiente, fueron atacados por una horda de muertos vivientes drows. Eran conocidos como regresados (revenants), y eran muy hábiles. Aun así, el grupo se alzó victorioso una vez más.

Tras andar por los oscuros túneles durante días, los héroes de la luz llegaron a la zona marcada en el mapa como el “abismo de Glourot”. El conocido abismo de Glourot era una enorme sima ascendente de un centenar de metros de altura, que separaba el camino a seguir rumbo a Maerinmydra. La roca de la pared era de un negro intenso, y las sombras parecían arremolinarse a su alrededor. Grandes surcos subían por el risco, que tenia una fuerte corriente de aire ascendente que al pasar por esos surcos, hacían un ruido muy peculiar. Ante la impresionante pared de piedra se encontraba una explanada de roca negra, con una campana sujeta por unos maderos, justo en el centro.
Tras debatir en silencio como realizar el ascenso, pues no querían alertar a posibles enemigos en la zona, y mientras nadie lo miraba, Chico tuvo la genial idea de jugar un poco con la campana, haciéndola sonar accidentalmente de forma que el sonido se traslado por todo el risco.
Durante un tiempo, los héroes se quedaron en el silencio más absoluto, hasta que el silencio fue roto por Taklin lanzando sonidos guturales e insultos al pobre chico.
Pocos minutos después, un aleteo les alertó, y vieron como ocho figuras aladas descendían rápidamente desde lo alto del risco. Las criaturas, mitad humana, mitad murciélagos, y con rasgos demoníacos, les miraban fijamente.

Aeron hizo uso de su diplomacia, asistido de nuevo por las traducciones de Kaladzsa, y pudo enterarse de que los alados engendros eran los sirvientes de Glourot, el dueño del conocido como Risco del lamento. Ellos eran los encargados de llevar a los viajeros arriba y abajo del risco, previo pago a Glourot por los servicios prestados.
Los héroes aceptaron hablar con Glourot arriba del risco, y fueron transportados cada uno por una de las criaturas, algunos más cómodos que otros. Ellor decidió que podría subir solo, y así lo hizo mediante un conjuro de levitación.
Una vez arriba, se encontraban en una explanada enorme. Al fondo, la salida de la cueva desembocaba en un negro túnel, que tenia a la entrada una campana similar a la que había en la cueva de abajo. A la izquierda, la boca de una cueva de unos ocho metros de altura se alzaba finamente labrada. En la entrada a esta cueva, se encontraba un alto hombre, de apariencia humana, pelo negro azabache que se fundía con una pesada túnica del mismo color, hasta el punto que no se sabía donde terminaba el pelo y donde comenzaba la túnica.
Glourot se presentó como el amo del risco del lamento, una porción del plano de las sombras que quedó atrapada en el plano material por algún accidente mágico del pasado. Desde hace mucho tiempo venía cobrando peaje a los viajeros que pasan por la zona, incluso si no necesitan del servicio de sus sirvientes alados.
Les dijo que ya estaba avisado de la presencia del grupo, y que el precio del peaje, a petición de una persona que no deseaba que no continuaran viajando, había ascendido.
Aeron preguntó que cual era el precio, a lo que Glourot contestó que el precio a pagar era el sacrificio de uno de los compañeros del grupo, por un miembro del mismo. De lo contrario, todos morirían allí.
Ante las risas de todos, y como Taklin lanzaba de nuevo improverbios hacia Glourot, Ellor tocó tierra preocupado. Una persona capaz de amenazar a un grupo de aventureros bien pertrechados como ellos, y en apariencia, fuertes, o era un necio ignorante, o una persona realmente poderosa. La cara de preocupación apareció en el mago cuando la persona de apariencia humana comenzó a crecer en tamaño. Su túnica, a medida que iba creciendo, se iba abriendo en un par de poderosas alas membranosas. La oscuridad que le rodeaba comenzó a danzar al tiempo que la cara se retorcía, se oscurecía adquiriendo el color negro, y los ojos, ahora del tamaño de un puño, cambiaban al color rojo brillante. En la oscuridad, iluminados por las antorchas y la luz mágica de Ellor, pudieron intuir una hilera de brillantes dientes de color negro, al tiempo que asistían a la sonrisa de un enorme dragón que les contemplaba con la cara divertida.
El dragón cargó contra el grupo, provocando el pánico generalizado y el huir despavoridos hacia las cuatro esquinas de la gruta. Aeron permaneció impasible ante la carga, debido a su entrenamiento en el cuerpo de elite de los soldados de Cormyr, Arinia permaneció a su lado, gracias a su fuerte voluntad, pero el resto, algunos huían, otros se quedaron petrificados del pavor que sentían.
Al día siguiente, fueron atacados por una horda de muertos vivientes drows. Eran conocidos como regresados (revenants), y eran muy hábiles. Aun así, el grupo se alzó victorioso una vez más.

Tras andar por los oscuros túneles durante días, los héroes de la luz llegaron a la zona marcada en el mapa como el “abismo de Glourot”. El conocido abismo de Glourot era una enorme sima ascendente de un centenar de metros de altura, que separaba el camino a seguir rumbo a Maerinmydra. La roca de la pared era de un negro intenso, y las sombras parecían arremolinarse a su alrededor. Grandes surcos subían por el risco, que tenia una fuerte corriente de aire ascendente que al pasar por esos surcos, hacían un ruido muy peculiar. Ante la impresionante pared de piedra se encontraba una explanada de roca negra, con una campana sujeta por unos maderos, justo en el centro.
Tras debatir en silencio como realizar el ascenso, pues no querían alertar a posibles enemigos en la zona, y mientras nadie lo miraba, Chico tuvo la genial idea de jugar un poco con la campana, haciéndola sonar accidentalmente de forma que el sonido se traslado por todo el risco.
Durante un tiempo, los héroes se quedaron en el silencio más absoluto, hasta que el silencio fue roto por Taklin lanzando sonidos guturales e insultos al pobre chico.
Pocos minutos después, un aleteo les alertó, y vieron como ocho figuras aladas descendían rápidamente desde lo alto del risco. Las criaturas, mitad humana, mitad murciélagos, y con rasgos demoníacos, les miraban fijamente.

Aeron hizo uso de su diplomacia, asistido de nuevo por las traducciones de Kaladzsa, y pudo enterarse de que los alados engendros eran los sirvientes de Glourot, el dueño del conocido como Risco del lamento. Ellos eran los encargados de llevar a los viajeros arriba y abajo del risco, previo pago a Glourot por los servicios prestados.
Los héroes aceptaron hablar con Glourot arriba del risco, y fueron transportados cada uno por una de las criaturas, algunos más cómodos que otros. Ellor decidió que podría subir solo, y así lo hizo mediante un conjuro de levitación.
Una vez arriba, se encontraban en una explanada enorme. Al fondo, la salida de la cueva desembocaba en un negro túnel, que tenia a la entrada una campana similar a la que había en la cueva de abajo. A la izquierda, la boca de una cueva de unos ocho metros de altura se alzaba finamente labrada. En la entrada a esta cueva, se encontraba un alto hombre, de apariencia humana, pelo negro azabache que se fundía con una pesada túnica del mismo color, hasta el punto que no se sabía donde terminaba el pelo y donde comenzaba la túnica.
Glourot se presentó como el amo del risco del lamento, una porción del plano de las sombras que quedó atrapada en el plano material por algún accidente mágico del pasado. Desde hace mucho tiempo venía cobrando peaje a los viajeros que pasan por la zona, incluso si no necesitan del servicio de sus sirvientes alados.
Les dijo que ya estaba avisado de la presencia del grupo, y que el precio del peaje, a petición de una persona que no deseaba que no continuaran viajando, había ascendido.
Aeron preguntó que cual era el precio, a lo que Glourot contestó que el precio a pagar era el sacrificio de uno de los compañeros del grupo, por un miembro del mismo. De lo contrario, todos morirían allí.
Ante las risas de todos, y como Taklin lanzaba de nuevo improverbios hacia Glourot, Ellor tocó tierra preocupado. Una persona capaz de amenazar a un grupo de aventureros bien pertrechados como ellos, y en apariencia, fuertes, o era un necio ignorante, o una persona realmente poderosa. La cara de preocupación apareció en el mago cuando la persona de apariencia humana comenzó a crecer en tamaño. Su túnica, a medida que iba creciendo, se iba abriendo en un par de poderosas alas membranosas. La oscuridad que le rodeaba comenzó a danzar al tiempo que la cara se retorcía, se oscurecía adquiriendo el color negro, y los ojos, ahora del tamaño de un puño, cambiaban al color rojo brillante. En la oscuridad, iluminados por las antorchas y la luz mágica de Ellor, pudieron intuir una hilera de brillantes dientes de color negro, al tiempo que asistían a la sonrisa de un enorme dragón que les contemplaba con la cara divertida.
El dragón cargó contra el grupo, provocando el pánico generalizado y el huir despavoridos hacia las cuatro esquinas de la gruta. Aeron permaneció impasible ante la carga, debido a su entrenamiento en el cuerpo de elite de los soldados de Cormyr, Arinia permaneció a su lado, gracias a su fuerte voluntad, pero el resto, algunos huían, otros se quedaron petrificados del pavor que sentían.

Ilefarm fue el objetivo de la carga, y resulto herido cuando el dragón, de un zarpazo, le mandó de golpe contra la pared de la cueva. Allí quedó aturdido. Kaladzsa y Snails se escondieron en la oscuridad huyendo despavoridos, mientras que Taklin contemplaba como el dragón pasaba por su lado sin moverse. La piel del enano se había quedado blanca.
Aeron, Ander y Arinia resistían los golpes del dragón, combatiendo a la defensiva, sin poder atacar a la criatura, mientras Ellor se debatía entre un conjuro y otro, nervioso en una esquina de la cueva.
El único que tuvo el valor de actuar fue Chico, que lanzando insultos y burlas más propias del enano, y lanzando algunas dagas, consiguió llamar la atención del dragón, que se lanzó a la carga contra el joven. Chico, al ver lo que se le venia encima, se lanzó al vacío del abismo, con el dragón detrás con las fauces abiertas. Todos pudieron ver como ambos caían en la oscuridad de la cueva.
Recuperados del susto tras desaparecer el dragón, los aventureros comenzaron a respirar tranquilos. Arinia se apresuró a curar a Ilefarm, mientras que Aeron y Ander se acercaron al borde del abismo para ver que había ocurrido, acompañados de Kaladzsa y Snails, que habían salido de sus escondites.
El dragón se alzó en el borde del risco, con las alas extendidas, pillándolos a todos por sorpresa. Abrió la boca para lanzar a un pobre Chico malherido al suelo, al tiempo que lanzaba su arma de aliento ante todos los que se encontraban. Un enorme cono de brumosas sombras se extendió entre los héroes, provocando que todos ellos comenzaran a sentirse mal. Se sentían más débiles, estaban más pálidos, algunos incluso hincaron la rodilla en tierra. Sólo Snails, que rodó lo suficiente para quedar a salvo del cono, y Arinia, Ilefarm y Ellor, que se encontraban a un lado de la cueva, no fueron inundados por la niebla oscura que tomaba la esencia vital de sus víctimas.
Ellor comenzó a lanzar una lluvia mágica de fuego y energía contra el dragón, pero de poco le servia ante tan poderoso enemigo. Taklin, Ander y Aeron luchaban valientemente contra las garras de la criatura, pero sus ataques no hacían mella entre las escamas del monstruo, que les iba ganando terreno. Kaladzsa cayó inconsciente de un golpe de cola del dragón.
Snails se encaramó a la criatura, intentando encontrar un hueco entre las escamas de la bestia, pero fue lanzado contra la pared por un ataque de garra del reptil, que lo dejó malherido.
La desesperación hacia mella en todos, y hasta Arinia se lanzó al combate, defendiéndose de los ataques de la bestia lo mejor que podía mientras intentaba curar a los heridos. Ellor casi gastó su arsenal de conjuros intentando superar la resistencia a conjuros de la sierpe, y si bien muchos conjuros la superaron, quedó muy debilitado y cayó prácticamente agotado al suelo de la cueva. Entre susurros, comentó con Ilefarm que la sierpe era un Dragón de las Sombras, terrible adversario procedente del plano de las sombras, y que posiblemente sólo Ilefarm podría vencer.
El elfo malherido se levantó, y recordando un rezo a su dios, Corellon, lanzó un sortilegio de exorcismo, que devolvía a cualquier criatura de vuelta a su plano de origen. Los rayos dorados procedentes de la palma de Ilefarm impactaron en el cuerpo de la sierpe, superando la resistencia a conjuros de la criatura, y mandándola en una espiral de sombras y resplandor dorado de vuelta a su plano.
Ilefarm cayó al suelo, exhausto, mientras aquellos que podían moverse iban arrastrando a sus compañeros débiles, malheridos o inconscientes a la entrada de la cueva, y a salvo del Risco del lamento, el abismo de Glourot.

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